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October 14 minutosHoy quiero sólo unos minutos de descanso y paz Quiero darme ese tiempo conmigo y con el universo Quiero unos segundos diarios
Dar unos minutos Darme unos minutos Darte unos minutos Darle unos minutos Darnos unos minutos
¿Será que en serio soy capaz de escribir? October 13 somnolencia
Hoy moví y removí mis sueños ...padezco somnolencia crónica...
Sentí entre mis brazos, sobre mi pecho Tu cabeza recostada
Y mi voz te dijo ¿Escuchaste? Mi amor Mi corazón Mi dulce bien August 15 Hay sueños que se sueñan toda la vida
Y pesadillas también. Las preguntas clave son: ¿Yo soy sueño o pesadilla?
¿Tomaste píldoras para dormir? ¿Practicas autohipnosis?
March 02 Vuelvo a escribir. La mentira nome dejaba
¿Cómo no amar profundamente a esa criatura nocturna que eres? Ese hombre dividido en tantos, con tantos trastornos diferentes. Con tantas caras hermosas, con tantas caras terribles.
Dices que eres dos. Hoy te juro que eres más.
Y todos afanosamente peligrosos.
¿Te das cuenta?
Yo, te reconozco. Yo te escucho.
April 16 *
Tengo entre las manos futuro no nato Y entre los pliegues de la falda el amor no consumado Bebo sueños que no he tenido …amores que de muertos son imperecederos.
Que hermosas son las risas de los niños, haz oído alguna vez esa desquiciada risa del niño que mira sus sueños hechos realidad? Me refiero a esos que son niños aún teniendo credencial del IFE no a esos que cuando tienen cinco años de vida ya sostienen sobre sus espaldas la pesada lápida del hombre casi muerto.
Yo sí, he visto de los dos y he sido un poco de ambos. Dime tu que le puedes enseñar a un niño que ha vivido de más o que le puedes mostrar a un adulto que no ha vivido más que de libros.
Es media tarde y siento el calor de primavera metérseme al escote, una linda plaza corre de aquí hasta unos doscientos metros de radio, estoy en una de las bancas de herrería blanca que la circunda, bajo de un sauce que me ofrece una sombra exquisita; disfrutando de esta brisa incoherente que me corre entre la falda.
¿Por qué en la ciudad no tienen de estas hermosísimas plazas? Ofrecen al trabajador de oficina unas vacaciones pequeñas, al poeta un lugar propicio para la inspiración y a los niños el lugar ideal de los juegos. Quizás es que podrían con ellas, recordar que son hombres y que tienen derecho al descanso.
Miro con avidez los colores intensificados que no se miran en otros lados de la tierra, supongo entender la razón de algunas pinturas en las que artistas no pintan más que tardes sombrías y lluviosas, sobretodo cuando sus autores vivieron o viven en tierras frías, y porque otros pintores nacidos aquí o que visitan estas latitudes ofrecen en sus pinturas ideas tan coloridas que parecen sueños para los que nunca han visto la intensidad de nuestros colores.
Nuestros colores… no porque sean míos o solo de los habitantes de este lado del globo; en realidad son de todos y de cada uno de los seres que habitan el planeta, solo que la mayoría tienen una idea muy estrecha de propiedad, suelen limitarse a “mi casa” “mi país” “mi esposa”. Yo siento cada calle mía por el simple hecho de transitarla, como mía también siento la urgencia de cuidarla y entenderla, claro que para los demás, mientras no tenga las escrituras, no tengo nada. ¡Con que insignificancia piensan limitarme!
March 07 La bodaMaría del Rocío Soto Miranda
Después de esperar un momento la puerta se abrió y cerró intempestivamente; sin mirarme, Karina se zambulló escaleras abajo, segura de que la seguiría. Usaba lentes oscuros, vestía un traje sastre de corte visiblemente masculino en color blanco, el saco abierto dejaba ver una camisa de seda beige abotonada hasta los dos botones antes del cuello, llevaba las manos en los bolsillos y daba saltitos escalón por escalón. Yo la seguía sin prisa pero observándola maravillada, no me había regalado una sola mirada, pero como siempre, me sentía arrolladoramente atraída. Al doblar en uno de los descansos de la escalera, como adivinando mis deseos se volvió para mirarme, levantó el armazón de metal dorado con la mano derecha mientras que con la izquierda agitaba unas llaves de automóvil, <<Disculpa la tardanza; pero sino te apuras menos vamos a llegar>> su voz me interrumpió la ensoñación y me obligó a apresurar el paso.
Las escaleras desembocaron en el estacionamiento, me condujo a un corvett vino, abrió la portezuela del copiloto y le ofreció en asiento como quien ofrece el más suculento manjar, cerró, dio la vuelta por detrás del auto, se quitó él saco, me lo entregó y se acomodó al fin a mi lado, el auto se lo había sonsacado a la última conquista. ¡Y como no! Pensé, si ese cabello rubio corto que de vez en vez se le escapaba coquetamente desde detrás de la oreja, esos profundos ojos azules tornasol enmarcados por unas espesas pestañas oscuras y la delgada línea de los labios lo urgían a uno a entregar todo cuanto tuviese. Y hasta lo que no tuviese.
<<Linda camisa>> le dije mientras desvanecía la imagen de ella desabotonándose y arremangando los puños. <<Gracias, uno de mis trofeos>> contestó mientras me regalaba un guiño por encima de los polarizados y arrancábamos tan estrepitosamente como el joven motor nos permitió.
A ella no le gustaba tener auto propio; hacia algunos años se había hecho de una camioneta y estuvo eufórica por un par de semanas, luego, en cuanto le ofrecieron una suma razonable por ella, la vendió sin miramientos. Más tarde llegó a mi departamento con un centro de entretenimiento, que contenía televisión, nueve bocinas; una consola de videojuegos (más un set de videogames), un reproductor de DVD, estero con Karaoke, y hasta compró muebles nuevos para la sala donde pensaba poner aquel monstruo, días después la acompañé de compras, películas viejas y nuevas, música (cualquier portada que le agradara e incluso alguna en que viera muy interesado a alguno de los otros visitantes de la discoteca); un par de semanas bastaron y harta de toda aquella tecnología volvió a los libros… yo seguí con los videojuegos.
Nos dirigíamos a la boda de su hermano mayor; un tipo de treinta y cinco que le había rogado hasta cansarse que se casara antes que él.
<<¿vamos a pasar a tu casa a que te cambies?>> dijo mirándome con indulgencia la ropa. Acepté fingiendo demencia.
Permití que me eligiera el vestuario, ella era la que tenía que presumirme, la que tenía que sentirse cómoda con lo que yo usara. Además siempre me ha gustado ese jueguito de muñecas, yo me dejo querer, probar, peinar y a ella le divierte en lo más profundo. Maquilló mesuradamente mi rostro, retocó mis uñas y rápidamente elegimos un vestido largo color palo de rosa, lo adquirí porque en el maniquí se veía excelso, claro que después, al llevarlo a casa ni siquiera tuve la delicadeza de probármelo, había tornado en una masa informe de un color poco menos que aborrecible, pero insistió tanto que me lo puso y arrancó la etiqueta como desdeñando la posibilidad de que alguna vez hubiese estado en exhibición, me giró para que pudiera verme en el espejo, la vi parada junto a mi, y yo enfundada en ese vestido, me sorprendí de lo bien que combinaba su traje con el mío, y ella conmigo; sonreí aceptando cualquiera de sus subsecuentes dediciones, los zapatos, la joyería dorada y el abrigo, me sentí como uno des sus accesorios… claro que ella también a sido uno de los míos.
La ceremonia religiosa no me aburrió, cosa rara, sucede que hablaron de las relaciones fugaces, la falta de compromiso; me pasé dando codazos a Karina más que otra cosa, para ver su cara de aturdimiento.
La recepción fue en un hotel en las salidas de la ciudad. Muy acertada la decisión, pues a pesar de que ya se dejaba sospechar la brisa de la tarde, aun hacia un calor casi bochornoso. Karina como siempre, fue el centro de atención. Me fascinó ver que otras chicas, viéndola de espaldas cuchicheaban entre ellas levedades sobre su masculina figura; y luego los colores de sus caras de sorpresa al comprobar que era una mujer aún más hermosa que ellas. Mientras Karina, todo un estruendo androgino rompía en risas y guiños frente a los hombres que la invitaban a bailar o a beber. Parejas que ofrecían un espectáculo único pues si uno no se fijaba podía percibir dos vestiduras masculinas moviéndose voluptuosamente al compás de un cuplé.
Yo me limitaba a mirar la fiesta, ver a la gente bailar, reír, conversar; escuchaba fugazmente a Karina que volvía a mi lado para comentarme algún incidente jocoso o solo para tomar aire, luego volvía a estar sola y pasaba otro rato despachando de vez en vez a algún despistado que creyendo que me aburría buscaba ser mi diversión.
La brisa que había amenazado nunca fue hostil y ahora ya solo muy de vez en vez un ligerísimo golpe de viento apagaba una o dos velas que encendían inmediatamente los organizadores, y los escotes se cubrían con ligeras chalinas como para no dejar. La fiesta había bajado de tono, la orquesta tocaba música cadenciosa y la noche era iluminada en su mayoría por las velitas; Karina se me acercó con un cigarrillo en la mano; sus ojos reflejaban la iridiscencia de su profundidad azul; se quitó el saco y lo puso sobre mis hombros, sonrió como para indicarme que recordaba lo friolenta que era, luego me abrazó recargando su barbilla sobre mi hombro derecho, su aliento calido me susurró al oído la invitación a bailar de algún cobarde que me mandaba el mensaje con ella. Le hice gestos, pero me apretó un poco con sus brazos y cedí una vez más a su petición. Bailé el resto de la noche con el mejor amigo del novio, cuyo nombre ni rostro recuerdo, me divertí con él, se suponía que íbamos a salir después, pero extrañamente perdí su número telefónico. December 29 Recordar la tarde
Han pasado solo algunas horas desde que te vi por última vez. Apenas algunas horas de nuestro último beso, nuestra última caricia; y el último ademán que evidenciaba nuestra relación, sé que lo recuerdas; mi mano sobre mis labios después de usarla para acariciarte por dentro del pantalón.
Ya comienzas a acostumbrarte a esos signos de mi ligereza, tu expresión ha mutado desde la primera vez que nos encontramos, desde la primera vez que nos besamos en público, desde la primera vez que me atreví a tomarte de la mano. Yo, que no puedo ni decir “te quiero”.
¡Como se han tornado las cosas! Me asombra como es que se han secuenciado y sucedido hasta sucumbir o estallar en la tarde de ayer. ¿Qué sucedió conmigo antes de encontrarte? Leía en las escaleras de una estación. La gente me veía extrañada, sorprendida, algunos hombres hasta se asomaban con completa indiscreción a mi escote; insinuaban cosas, me decían piropos y algunos pasaron varias veces solo con la intención de verme. Ayudé a una señora a subir las escaleras y me llamó Linda; me gustó eso. Luego intenté leer, pero no pude, pensaba en ti; en lo bien que me veía y que esperaba que lo pensaras tu también.
Me preocupé por tu retraso, no demasiado, y por fin te vi y pasaste sin verme; y luego al no encontrarme donde esperabas, volviste a mi. Inmediatamente me tomaste y me besaste; el primer beso después de una larga espera; siempre angustiante, siempre urgente, y el abrazo; esos abrazos que me constriñen toda que parecieran querer obligar mi cuerpo a penetrar en el tuyo. Un saludo a penas, a muy duras penas una explicación.
-Vamonos de aquí, ya me han visto muchos- ¿Recuerdas que te lo dije? Porque asentiste al tiempo que reías; dijiste algo de mi blusa y de mi escote, pero mi memoria no es tan perfecta como la tuya.
Y caminamos, entre paso y paso el beso acostumbrado, la caricia evidente o escondida; tus obsequios; cuan bien conoces mis gustos. El beso, siempre urgente, necesario, incalmable en los dos. Emprendimos en pos del zócalo a mirar las luces que por navidad inundan el espacio, paramos antes de llegar, me escabullí de tus brazos e hice una travesura, te lo dije y palpando mi cadera comprendiste de inmediato de lo que se trataba. Por fin la plaza se nos ofreció con borbotones de gente y luces ¿Cuánto tiempo pasamos allí? ¿Una o dos horas? Solo sé que fue un tiempo insuficiente. ¿Qué recuerdas? Yo miro en mi mente las telarañas rosadas de algodón de azúcar que alcanzando a escapar de los palitos donde las enredan, volaban por los aires siendo perseguidas por la ilusión y presteza de los niños; las multitudes apiñándose al centro, chachareando entre juguetes de madera, escenarios sin espectáculos, música Oaxaqueña, fotógrafos insistiendo en conservar para siempre el recuerdo en una placa; luces y más luces; y entre todas, tú. No te gustó tal adorno; a mi no me gustó tal otro… inconformidades de dos almas creativas, supongo.
Me gustó que me metieras en tu abrigo, que acariciaras con la facilidad que permitía la falda, cada vez más contundente, cada vez más pasional. Y los besos subieron igualmente de tono y disminuyeron de nuevo solo para darnos tiempo de hablar; ¿Cómo me conociste? ¿Qué pensabas? ¿En que juego tan entramado caímos los dos? Apenas se puede creer que seamos capaces de amarnos. Porque sí, sé que te amo y me amas. Que no podrás olvidarme y que yo no podré dejar de necesitarte.
Y el tiempo que igual es dócil para permitirnos encuentros de vez en vez aunque no estén planeados, se vuelve intolerable y nos reclama para él. Así que emprendimos la vuelta, después de alimentarnos de luces, de esa alegría popular que ofrece la época y la tradición, de ti y de mí, cada uno por separado, cada uno del otro y de si mismo. Y en cada esquina y en cada rincón los comercios se cerraban, las calles comenzaban a vaciarse y la gente se apilaba en las avenidas principales para volver a su hogar; nosotros rehusamos las avenidas, deseamos tanto que nos envuelva la soledad; estar el uno con el otro, en una compañía ininterrumpida que permita expandir la confianza, hacerla palpable y saboreable; me abrazaste en esa calle apenas oscurecida, me abrazaste y contuviste contra la cortina del local, y que ruido tan excitante, apenas la rocé y sonó como si me hubieses azotado contra ella, ¡que divertido! Me besaste, te abracé, te besé, mordiste mi labio inferior, succioné tu lengua, nos lamimos con esa lujuria que rasguñaba con ganas de desbordarse, se desbordó y con que facilidad te metiste bajo mi falda y con que confianza distribuiste tus carisias, mordidas y pellizcos sobre mis pechos expuestos a ti y a la noche, entre las miradas de algunos que pasaban sin querer perdidos del bullicio principal, pasó, pasaste por mi cuerpo y yo en el tuyo me recree; y el sonido metálico, repiqueteante de la cortina delatando nuestra presencia.
Te amo
Me amas
Tu nombre
Mis dedos en tu boca, en mi boca, después de pasar por otros lugares; después de probar otros calores, probándonos mutuamente.
¿Era suficiente? No, no lo era, pero el tiempo apremiaba, y la caminata aún prometía juegos, avanzamos besándonos en cualquier tropiezo, borrachos el uno del otro, abrazados en medida que los pasos presurosos lo permitían, y me apresaste una vez más antes de virar la última esquina; y entonces si que nos hicimos de espectadores, te atreviste más y mi falda mostró dadivosa; pero de nuevo el tiempo que no era el ideal nos obligó a correr, y a despedirnos, con las prisas pero disfrutando del ultimo minuto, como si se tratara de la ultima gota del más fino licor.
Te espero hoy, aunque sé que no he de verte; en mi cama está tu aroma esperándome para hacerme soñar y recordarte toda la noche y lo que pueda obligar a recordar mi mente durante el día de mañana que tampoco te veré. Y haz puesto tu aroma allí con la plena intención de que así sea, porque si bien este amor tiene mucha ternura y toda la novedad, no tiene nada de inocente, nada de ingenuo, nada de casto; así somos, así te amo, así me amas.
November 07 SeguridadMe levante desnuda a pesar del frío y me paré junto a la ventana; la luz de la luna se trasminaba por entre las persianas, podía mirar a través de ellas la calle iluminada por la fría luz artificial. Ella dormía, dulce ninfa entre las sabanas húmedas; en la habitación se percibía el aroma de su cigarro incorporado al insoportable del incienso barato de la cabecera. Suspiré sin emitir ruido. Ella hizo lo mismo, parecíamos conectadas por un delgado hilo plateado que de vez en vez se daba el lujo de sorprendernos con esas coincidencias.
Giré la cabeza para mirarla, pero apenas vi su pie desnudo escapándose de las cobijas, el resto de la habitación estaba en penumbras y no quise esforzarme en enfocar. Sobre su buró había una beretta, que guardaba para propia protección. Ella no sabe disparar, y ha maltratado tanto esa pistola que si un día logra desatorar el seguro tendremos que darnos por bien servidos.
No me doy cuenta de que la temperatura ha bajado, hasta que comienzo a ver el vaho de mi respiración. Tomo mi bata del suelo y cubro el pie de ella con una de las cobijas que se cayeron. No quiero hacerle ruido, así que después de anudarme la bata salgo al balcón y me siento en una de las sillitas que tiene románticamente viendo hacia el horizonte. Amanecerá hasta dentro de un par de horas, tengo tiempo para gastar en divagaciones sinsentido.
Recuerdo mis primeros años, creo que pocas veces busqué la protección de alguien y esta niña quiere encontrarla en una pistola. Espero no se me malentienda, me sorprende que entre todo intente sentirse segura, pero creo que ante todo, la seguridad es eso, solo una sensación. La gente a diario pierde fortunas, pierde casas, pierde personas y todo en lo que cimentaba su seguridad se viene abajo. Yo siempre he sabido que dentro de todo y a pesar de todos estoy sola. No hay quien me proteja, no lo ha habido nunca y no lo habrá jamás.
Cuando era chicha mi abuela me dijo que si sentía miedo en la oscuridad rezara un padre nuestro, que dios me protegería de cualquier mal; mis padres me dijeron que en ellos podría encontrar refugio y consuelo. Que la familia nunca abandona. Los amigos siempre están cuando los necesitas. No le reprocho a nadie su ausencia, pero cada quien tiene que ver por si mismo y sé que de haber podido protegerme cada uno de ellos hubiese dado su vida con tal de evitarme una pena. Sin embargo no siempre es posible, es más, casi siempre resulta que uno solo puede brindar un hombro tras la pena vivida. Lo cual en sí mismo, ya es consuelo.
Para evitarme el miedo a la oscuridad, no recé un padre nuestro, ni un rosario completo, me sumí en las oscuridades más tremendas, más frías y más descorazonadoras hasta que comencé a agradecerlas y hasta a buscarlas. Me refugié en las oscuridades hasta que no pude distinguir fechoría en ellas. Luego me hice daño y le hice daño a mucha gente y me di cuenta que nadie puede protegerse de mi y que donde yo no pueda protegerme nadie podrá hacer gran cosa. Después de todo solo es una tontería tratar de soportar los golpes que a alguien más le tocan, porque ese, solo se hace flojo y sufre el doble cuando no estamos.
La escucho moverse, me busca, me quiere tanto que me hace sentir especialmente ruin y más impura de lo que me he sentido antes. La voy a dejar, dentro de poco, cuando comience a querer cuidarme, cuando comience a abrazarme fuerte y con ganas de que no me pase nada. Siento mucho tener que hacerlo, en verdad comenzaba a sentirme cómoda con esto. Pero duele de más y entre más pase el tiempo el dolor se hará más insoportable e incluso llegaré a desear sentirlo y no estoy dispuesta.
October 09 ¡Vaya esos tiempos!No digo la frase, pero la pienso al tiempo que tiendo todo lo largo de mi espalda sobre la banqueta en la que he estado sentada por casi media hora charlando con él que me mira, deseoso de mi y extrañado de la sencillez con que dejo que se ensucie mi cabello. Miro el cielo, finjo que no me doy cuenta que me mira, y lamo de la punta del envase las últimas gotas del yoghurt de piña que le acabo de sacar, hemos estado hablando de mis recientes experiencias sexuales, así que aquel detalle lo excita. Lo conozco bien, más de lo que me conozco a mi y muchísimo más de lo que él aspirará a conocerme jamás; él no observa, por eso es lo que es.
Siempre me pregunto si debería odiarlo. La verdad es que lejos de eso me he permitido amarlo, sentir compasión y hasta lástima, estas últimas dos son cosas que prefiero no sentir por nadie y que no me permito sentir por nadie. Y nunca me desafano de una larga y tendida charla, le gusta la religión; es mi lado oscuro, ese que nadie jamás verá del que nadie podrá enterarse porque no lo permitiré. Sigue hablando y yo le sigo contestando, me pregunta si he estado con otros hombres o mujeres, y que si accederé a estar con él.
Él es uno de los tantos que se irán al infierno por mi culpa. El día que se lo dije su cara se tornó preocupada, estaba muy alterado, quizás hasta conciente de que lo que decía era verdad, yo me reí, me burle de él; le dije que lo pensara bien, que incluso podría jurar que su padre ya se estaba quemando por mi. Dejó de buscarme. Un tiempo me dejó. Ahora vuelve, me mira, me desea. ¡Pobre hombre! Ojala pudiera hacer algo por él. A veces tengo verdaderos deseos de compartir su vida, de ser lo que nunca ha tenido, pero al mismo tiempo pienso que entre los dos hay una relación tormentosa, irreparable.
En su jerga torpe me ruega que lo acompañe a su casa, me ofrece algunas revistas, algún amigo suyo, un juguete erótico, dinero, me dice que quiere tomarme con palabras ásperas, muy suyas. En mi postura podría estar en desventaja, pero no se atreverá a tocarme; lo controlo, un chasquido de mis dedos y se irá si reclamarme nada. Así es él, así soy yo.
La noche esta fresca, y oscura, alcanzo a ver las nubes que casi no se mueven porque no hay viento, allá a lo lejos en la esquina, la indiscreta luz de una tienda nos delata. Pasan un par de mis vecinos que se extrañan de que esté tendida en el suelo al lado de un ser que podrían describir hasta de nauseabundo, los saludo cono si nada y los dejo perderse en la oscuridad de la calle.
Lo miro y le sonrió irónicamente, impulsivamente se desabrocha el pantalón y comienza a masturbarse. Sonrió burlándome de mi torpeza, de un brinco me levanto; y sin despedirme me alejo, casi de inmediato él camina a mi lado, rogándome que lo acompañe; me hago la indignada refiriendo que estoy cerca de mi casa y que fue muy imprudente. Se disculpa, desesperadamente me toca, sus manos sudorosas me retienen por los codos; apenas lo miro, me suelta.
-Iré a visitarte el miércoles- le miento -¿A que hora? -Como a las cinco- me desafano y no lo miro más, se queda contento, el miércoles tengo una cita con un amigo, así que no voy a ir, y él me esperará hasta las siete o las ocho, luego, convencido de que no iré se masturbara y quedará dormido pensando en mi. September 27 ¿Te haz dado cuenta de que somos lo mismo?
Veo por tu mirada que te haz apercibido, de que sabes a lo que me refiero.
Fuimos lo mismo el día que nos conocimos y seguimos siendo lo mismo, nuestros cambios se han producido a la par, buscamos aprender lo mismo y en misma medida nuestro interés bulle al punto de algún brebaje que prepare nuestro corazón.
Me pregunto en que momento el engranaje se romperá. ¿o crees que no lo haga?
Lo cierto es que tú te muestras más paciente a la pregunta que yo. Yo solo me conformo con dejar pasar el tiempo, sin que te enteres que hago fuera, aunque es obvio que lo sabes y me aguardas cada vez, y me permites volver cada vez. Te da igual y a mi me da igual que el olor sea de otro, o de otros; de otra o de otras.
Tus manos siempre calidas, dispuestas; mis ojos siempre inquietos, inquisitivos; ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Qué quieres que sea de nosotros? ¿Me demostraras la misma paciencia que hasta ahora? No, ahora es a mi a quien toca corresponder esa paciencia, y tu vas a reclamar tu lugar, terminaré dándotelo; lo sabes.
Somos tan iguales que nuestras heridas son igualmente profundas, igualmente largas, igualmente dolorosas. ¿Seremos capaces de suturar al otro? Creo que solo nos haremos heridas más grandes y más profundas, pero iguales.
Sé que ese dolor valdrá la pena. Aunque creeme, no quiero procurártelo.
August 16 Dos meses
La escucho pensar; yo finjo dormir, me mira, como sé que me ha mirado cada noche del último mes, detesto que se preocupe por mí, se lo he dicho de mil maneras, se lo he gritado hasta portarme verdaderamente grosera y lo mejor que he podido hacer para aplacar en algo su sufrimiento es quedarme así como ahora; inmóvil, fingiendo dormir, mientras se tranquiliza un poco, cosa que casi nunca pasa, normalmente termina saliendo de la habitación para no romper en llanto y despertarme. De cualquier manera la escucho sollozando, en el pasillo, en su cuarto, en la sala. Y me desespera no poder hacer otra cosa mejor que fingir.
Extraño a esa mujer que era y que por mi culpa dejó de ser.
Hace mucho que deje de preguntarme porque a mi; pero no puedo evitar pensar en las razones para arrástrala conmigo. ¿Qué debe aprender? ¿Por qué debe sobrevivir a mi tormento?
Sé que sólo será por ayudarme a terminar con esto, luego dejará que las llamas de mis dolores la sigan lamiendo, día con día, noche con noche y no me tendrá ni para fingir. Agradezco este desmedido cariño que la mantiene atada a mi, pero no puedo evitar pensar que si él, ella no tendría que sufrir.
Sólo un par de meses más y cuando menos dejara de existir la causa… ella no piensa así, prefiere abandonarse y cuidarme con más esmero, incluso dejó el trabajo por cuidar de mí, soy lo único que tiene, es lo único que tengo. Es tan poco lo que falta y ya la extraño.
¡No he podido contenerme! Sino sale ahora, notará en cualquier momento la lágrima que se escapa de mis ojos. Parece que atiende mi suplica y sale de la habitación; está tan molesta; no ha podido asimilar que esto es solo una circunstancia de la vida. ¡Diablos! Yo misma aún no lo entiendo del todo. Es inevitable pensar que es una burla, permitir que las cosas seden para que en el momento de mayor seguridad, todo gire para engranar en el mayor suplicio.
Escucho el tintineo de las llaves que a pesar de su esfuerzo por interrumpir me avisa que sale de casa, así como, a pesar de que cierra la puerta con mesura sé que esta molesta y yo no me siento bien. Esta semana ha salido más que de costumbre; entiendo que necesite despejar su cabeza, darse tiempo para atenderme todas las mañanas con la mejor de sus sonrisas.
Es en el momento que la puerta se cierra tras de sí que un contador comienza su marcha, regresiva, inquietante. Pasan cuarenta minutos y no logro tranquilizarme; pero insisto en pensar, en recordar cada detalle, finamente, cosas que la hacen ser ella y que me hacen estar con ella. Es un juego, un tanto de memoria, un tanto para no olvidar cuanto me quiere, pero esto diferente al juego me ha hecho olvidar por más de dos horas y media mi propio dolor. La noche es tranquila. ¡Cuánto miedo me dan las tranquilidades! Pensar que ella está fuera y este nudo que no pasa de mi garganta.
Respiro con dificultad y me levanto con mayores penas, voy a su recamara con mis piernas torpes y sosteniéndome de cuanto puedo; al entrar el aire extrañamente no huele a medicinas, ni a sueros como el resto de la casa, huele a ella cuando recién se baña, huele a su shampoo y a su crema para la piel, a las varitas de incienso de las que ha prescindido por mí, el vaporoso ambiente me jala al interior, en penumbras miro el edredón sobre su cama, por fin mis ojos apenas encuentran lo que buscan, un rosario de cuentas de madera gastada, no lo reza, pero cuando esta preocupada corre mecánicamente las cuentas hasta que se tranquiliza; lo hago yo también mientras me acerco a la ventana para mirar la calle con la esperanza de que surta en mí un efecto similar; lejos de eso mi corazón comienza a palpitar tan fuerte, mi respiración se vuelve tan tortuosa que me obliga a sentarme en la cama, aun cuando sé lo mucho que le molestan las arrugas, apoyo sobre mis rodillas los brazos sin dejar de pasar las cuentas aunque más lentamente; trago aire porque mi boca está seca y entonces me doy cuenta de que bajo mi peso sede un papel, es un sobre con su letra presume mi nombre, me altero más y no puedo evitar que mis labios se curven en una expresión de tremendo dolor y tiemblen por mi estado de sorpresa; saco de su interior una tarjeta violeta con flores dibujadas a plumilla en la esquina superior izquierda:
“Perdón, ya no podía soportarlo, y no podría sobrevivir al final”
Antes de que pueda reaccionar suena el teléfono, saco bocanadas de aire y mi torso se dobla espasmódicamente hacia delante, arqueo un par de veces pero me contengo, el teléfono suena por quinta vez pero mi mano no lo alcanza a pesar de que esta en el mismo lugar de donde tomé el rosario; con un esfuerzo que me parece sobrehumano logro pescarlo al séptimo timbrazo. Del otro lado alguien me pregunta mi nombre y si reconozco el de ella, afirmo atropelladamente, me dictan la dirección de un hospital, pero yo sé que ya no es necesaria mi presencia, el sobre pesa más que si estuviera vacío, la voz del teléfono me pregunta si estoy bien, no contesto, sólo miro dentro del sobre; hay dos pastillas amarillentas y un baso de agua sobre el buró.
May 20 Secuencias
Largas y ostentosas
Vertidas todas Derramadas proligamente Sobre mis ojos
Usó mis pestañas Como alas para volar
Mis cabellos como lianas Para sostenerse Para regresar
Aquí donde lo esperaba mí vientre
Y se buscaba
Y se encontraba
Usó mis labios para hundirse Para romperse Para anidar
Y mis piernas para correr y nadar
Y las alas que arrancó De un tiron de mi espalda, que rompió torpemente
Las usó de cuna, y en ellas se perdió, Se sumió Callendo en un sueño profundo Constante.
Sueña conmigo Y me llama Yo lo espero
Tendré pasiencia
Sé que he de verlo de nuevo. días de lluviaEstalló… en miles de pedazos que golpeó la luz que gravitaron etereos en un aire suspendido
en lagrimas como rocío
Como llanto salpicado contenido en un espacio
y liberado así de golpe en el mismo espacio
rápida y atronadoramente
en un instante recubierto en mi memoria
sostenido de unas manos aferradas a una breve sintura
sintura que se desvordaba en placer frente a mi cadera.
Eitiendo sobre mi pecho Desde su boca Un gemido largo Perfecto.
April 09 De mis veintitrésTengo veintitrés almas, tal vez más; cada una hundida en su propio lugar; cada una jalando para su propio lado, lados que son incomprensibles, medianamente comprensibles o de plano incoherentes para todas las demás.
Tengo alma de poeta, y tengo alma de exhibicionista, tengo alma conservadora y otra dependiente, un alma callada, otra huidiza; las menos tienen sus nombres y platican entre si, las más se acurrucan en su propio hoyito, dejando salir de vez en cuando pensamientos que las otras escuchan sin mucho interés.
A veces conversan entre todas, sobre todo cuando duermo, una se mantiene alerta, la otra acicala mis sueños, a veces se pelean los turnos de soñar.
Una piensa que la otra debiera hablar más, la otra quiere que todas guarden silencio. Unas piensan que deberían odiar a las demás, pero en lo profundo, todas saben que se quieren y ya.
Discuten, y seguido se caldean los ánimos, unas quieren creer, las otras prefieren inquirir; y raramente se llegan a acuerdos que a todas complazca. A veces dejan de hablarse por meses, pero cuando vuelven a hacerlo, todas mis yo entran en un frenesí de discusión tan adorable que me obliga a escribir, a leer, a pensar.
A veces, una consuela a la otra; a veces una hiere a otra, pero nunca se aniquilan.
Si alguna muriera, yo tendría que llorar mucho tiempo.
Y al poco, la alcanzaría otra, y luego otra, y una más después.
Sé que moriré al mismo tiempo que las otras, y sé que nunca firmaremos a un contrato, y me gusta ver los rostros de las personas que miran este único cuerpo donde habitan tantos pensamientos, que discuten en publico entre si.
April 02 Advertencia
Soy una flor exótica,
Soy una promesa
Soy un sueño,
Soy una trampa
Esquiva, genial, fastuosa
Quien frente a mi se detine y se busca en mis ojos encuentra solo su propio reflejo quien se atreve y lo traspasa encuentra una mirada, larga que se traga toda luz que derrama toda su oscuridad sobre quien la contempla.
February 15 Proyecciones
-No me siento bien –le dije mientras caminábamos bajo la lluvia; no contestó, sólo tiró de mi muñeca para que me diera prisa. -¿Sabes?- continué apretando el paso –No me siento bie, pero no puedo expresar lo que siento, como un frío muy profundo que comienza a la altura de mi diafragma y se distiende por mis brazos y mis piernas, y mi cuello; y se ovilla en mis articulaciones; también bajo mi lengua.
Siguió sin atenderme y jalándome de la muñeca.
Cuando por tercera vez quise advertirle de mi malestar, me tiró a un más fuerte y me estrello en la esquina de una casa en una calle oscura, me abofeteo y rompió mi labio inferior, apretó mi cuello con su mano y exprimió de mí un poquito de esa soledad. Volvió a halarme de la muñeca como a una marioneta de trapo. Yo no le dije nada; el frío había vuelto a tomar la consistencia de la hiel, ahora lo percibía intensamente en el mentón, dando vueltas y haciendo remolinos, entonces quise arrancarme la piel de la barbilla para que corriera libremente y saliera de mí, pero tenía miedo de hacerme daño.
Me guarde el frío un poco más.
Por fin dimos la vuelta en una esquina, luego en otra como sabiendo donde buscar encontramos un terreno baldío; escuchábamos las ratas corretear aquí y allí de vez en vez tratando de escaparse de la lluvia, el agua no cesaba pero un rayo iluminó la escena; conté los segundos, al séptimo un trueno maravilloso, limpio y corpulento resonó inundándome el corazón.
Se hincó y me jaló de la muñeca, cuando estuve a su lado en el piso la soltó y comenzó a mojarse la chamarra que aún conserva ese único lugar seco. Me miró, por sus pómulos se resbalaban las gotitas de lluvia; pensé que se vería linda llorando; pero ella no llora. Sus labios se curvaron levemente creí que sonreía y contesté bajando la mirada, me abofeteo una vez más. No pude contener un gemido de dolor, entonces, como un acto de ternura posó sus labios en los míos y rodeando mi cintura me atrajo hacia si, percibí esa calidez que indica deseo, yo también me aferre a ella envolviéndole el cuello con las manos, después de un instante, me rechazó, como arrepintiéndose de lo que había desencadenado pero ya no me golpeó más, antes bien me desnudó con la celeridad de un experto y la urgencia de un adolescente. Me mordió los muslos, los pechos, introdujo dentro de mí todo cuanto encontró a mano; no sé exactamente que, ni cuantos objetos; pero me acariciaba como si mi piel fuera de piedra, como si tuviera que hacerlo frenéticamente para que yo pudiese sentir. Las ratas, los ratones danzaban junto a mi cabeza, uno me mordió el cuello, ella lo pesco cuando intentaba una carrera; y lo despanzurro sobre mi pecho; la sangre del animalito se movía ágilmente a lo largo de mi cuerpo, ella lamía habidamente y en su vaivén se hundió de nuevo en mis labios; ese simple y censillo acto de probar de sus labios la sangre de el animal, me sumergió a mi en la más sincera de las sensaciones placenteras que pudiera experimentar jamás. Y apenas pude levantar la cabeza porque ella me mantuvo rígida contra el suelo
Siempre me gustó que no necesitara de mi actividad para sentirse satisfecha.
La lluvia tardó en detenerse un poco más que ella, pero al fin se quedó abrazándonos fuertemente, mientras yo le rulaba los rizos a mi compañía; ese frío que me enfermaba se escurría ya, con el agua de la lluvia que se alejaba de mí; así cuando menos por un instante estaría lejos. Cuando menos por un instante me sentía plena. Pero me sentí muy triste cuando recordé que todo sería perfecto hasta que se levantara, se vistiera y se evaporara como todas las tardes después de ver en sus ojos mis ojos, después de ver en sus manos mis manos y sus labios en los míos y cuando volviera a tomar su lugar de larga figura incrustada en mi imaginación.
February 10 tenía que pasarPues si,
pero yo te lo dije cientos de veces. Paso lo que tenia que pasar;
torciste tanto la soga que le cortaste la cabeza.
February 06 PasadoTe busco y rebusco,
ovillada,
rota,
perdida; en mis entrañas; en mi dolor de mujer; en mi tristeza de niña.
Y estoy triste, estoy turbia, estoy rota.
Y te encuentro, en mis heridas; en mis noches de llanto, En mi dolor de pieza de rompecabezas perdida. January 02 Descanso
Para descansar es necesario imaginar…
Detener los instantes . Provocarles un alto total. . Interrumpir todo pensamiento . Acallar todo rumor de sentimiento. . Silenciar todo cuanto inunda la mente. . Cosas que la torturan. . Cosas que la complacen.
Romperse uno mismo, como una pieza de cristal al contacto con el suelo
Como astillarse
Como disolverse en el aire
Volverse lanada.
Ser fracturado por una fuerza externa, por un odio ajeno que busca el exterminio de nuestra persona. Ser aniquilado.
Estallar de placer por sentimientos tan abundantes que no tienen otra forma de suceder que desbordarse. . Éxtasis. .
No importa como, la cuestión es romperse.
Quedar flotando por segundos inacabables en el espacio; . como estrellas, . como polvo terminando de desvanecerse al calor del primer rayo nocturno.
Con las manos frías de la desesperanza. Con el calor insistente del no existir.
Dejarse romper por otros.
Así, En censillo estallido de piezas que no volverán a tener lugar propio. . De porciones de uno mismo que contienen información que ya no podrá ser interpretada.
Desgajarse,
dejar de existir.
Fragmentarse
como se fragmentan las cosas frágiles
Como se rompe la mente Como me rompo yo misma en sueños.
.
Belleza en trocitos que son alcanzados por lápices de luz Y en un pedazo de segundo brindan el más hermoso espectáculo de viseras destellantes. . De rojos purpúreos .
De rojo sangre.
Y entonces la paz se yergue, envuelta de una oscuridad insondable, en la inexistencia, en la exquisitez de las sombras. Descanso que solo se alcanza en la perfección del sueño.
En la quietud de la muerte. December 05 AbsurdoEse escozor en las manos no me permite trabajar. Como si mi mete se obstruyera por cientos de imágenes que se convierten en palabras ardorosas, insistentes para ser dichas y sigo sin saber por donde van porque es lo que quieren, dejo que se difundan por si solas, que me controlen, que alfil eso soy, una bolsa que las contiene y a las que utilizan para quedar bien.
Un grito desesperado y desgarrador que hiende mi alma, mi sistema se detiene y son tantas cosas las que pienso tan dolorosas, tan mortíferas, tan inquietantes, como un deseo incontenible de explotar, o de implosionar, como si todo fuera nada como si quisiera gritar. Maldita desesperación que no se quita con nada, y que me apura a escribir, terror irracional. Ira desbordarte, pasión entorpecedora. Y yo, sin tener que contar pero queriendo decir tanto. Sin poder darme a entender racionalmente, gritándoles que los amo y los aborrezco en la misma medida. |
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